18 nov. 2015

7 (o 45) motivos por los que "El Increíble Castillo Vagabundo" no tiene ningún sentido.

Éste texto fue para un trabajo que presentaron unos chicos para su clase de Expresión Corporal, en la Escuela de Bellas Artes de Naucalpan. Al parecer, su intención era presentar una versión sin diálogos y bastante sintetizada de El Increíble Castillo Vagabundo, de Hayao Miyazaki. La idea era que yo les redactara una especie de sinopsis para que ellos hicieran un montaje totalmente original. Sin embargo, mi sinópsis de 2 páginas les pareció demasiado larga, ya que al parecer sólo contaban con 15 minutos para su presentación.

Siendo así, una chica del equipo hizo como una sinópsis-de-la-sinópsis, y al final sólo me pidieron que corrigiera la gramática y las secuencias de eventos. El documento que me entregaron, de poco menos de página y media, no tenía pies ni cabeza. Era como si hubieran metido el original a una licuadora, le hubieran quitado la cuarta parte, lo hubieran licuado de nuevo, y lo hubieran vertido sobre hojas nuevas. Algunos personajes les adjudicaban acciones, que no les correspondían, o les cambiaban el nombre de repente. Después de hacer lo que pude por ordenar las frases y "párrafos" del texto, me dí cuenta de que lo que leía seguía sin tener sentido, así que no pude evitar deslizar algunos comentarios humoríticos al respecto en la estructura de la nueva "sinópsis".

 "La neta ni vi la película antes de re-escribir tu sinópsis, chavo..."

Afortunadamente, más que ofenderse de que me burlara de sus capacidades literarias, resulta que mi versión les hizo más fácil hacer su montaje, que porque la falta de seriedad del texto les daba más libertad artística, o una cosa así. Otros, al parecer, simplemente no captaron casi nada de lo que puse. Nunca entendí... El punto es que les gustó y su presentación les salio chida, y con eso me quedo. Y aquí está:

(Las imágenes son agregado mío, para éste post.)

Versión resumida de todo lo que seguramente pasa en “El Increíble Castillo Vagabundo”… probablemente.

Érase una vez un chico, llamado Howl, que quería aprender hechicería. Un día, caminando por el prado, vio una lluvia de estrellas y al observarlas logró atrapar una, la cual le robó el corazón (porque las estrellas pueden hacer eso, al parecer…). Debido a ello, se volvieron inseparables ya que si Calcifer moría, también lo haría Howl. Por cierto, Calcifer es el nombre de la estrella, que más bien parece una llamita con cara, porque claro que sí.

Años después… (No pregunten cuántos, nadie sabe).

Sofí (o Sophie, pa’ los bilingües) es una chica que trabajaba en un taller decorando sombreros, porque así está la economía. Toda su vida había transcurrido ahí, ya que era el taller de su papá. Un día, decidió ir a visitar a su hermana que trabajaba en una cafetería, pero en el camino se encuentra con Howl (pero qué conveniente…). Ambos quedan maravillados uno con el otro y se enamoran, así, casual, pero cada quien tiene que seguir con su camino con la esperanza de volverse a ver, porque éste es un mundo perfecto y las cosas funcionan así. Sin embargo, como no tienen la costumbre de fijarse todo el tiempo a ver quién los anda espiando, no se habían dado cuenta de que los observaba la Bruja Calamidad que sí, así se llama y que, colmada de celos, decide vengarse de Sofí, que ni la debe ni la teme, así que va al taller donde le lanza un hechizo y la hace envejecer de forma prematura y alarmantemente rápida. Sophie decide quedarse oculta en su casa pero su mamá, siempre tan oportuna, decide visitarla, así que la ex-chavita huye hacia las montañas, como cualquiera de nosotros haría. En el camino conoce a Cabeza de Nabo, un espantapájaros hechizado que se encuentra tirado porque su trabajo es el más aburrido de la historia. Resulta, sin embargo, que el muñeco es inteligente y puede moverse a voluntad, porque pues está hechizado, y decide ayudar a Sofí a buscar un lugar donde dormir, y la lleva directo hacia el Castillo Vagabundo… aunque, más bien, el castillo llega hasta ellos caminando. Digo, por algo se llama el Castillo Vagabundo.

"Yo tengo una estructura más sólida que ésto que están leyendo."

Ella, muy asustada decide entrar, y se queda maravillada con lo que encuentra adentro y va a sentarse a una silla, porque quedar maravillado es agotador. En una fogata ve a Calcifer, que es quien hace que se mueva el castillo (otra de las tantas cosas nuevas que pueden hacer las estrellas) y decide ayudarlo a ser libre pero decide dormir, lo cual es obviamente más importante. Al día siguiente, baja corriendo el pequeño aprendiz de Howl, cuyo nombre no les diré porque soy bien mala, y se saca de onda al ver a una anciana en el castillo y se asusta, como haríamos todos al encontrar a un desconocido en casa. Ella lo tranquiliza y le dice que desayunen juntos; Calcifer no quiere obedecer pero ella lo obliga (así lo “ayuda a ser libre”) y comienza a cocinar; de repente llega Howl y se enoja con Calcifer por desobedecerlo, y porque al parecer está de moda tratar mal a Calcifer, pero él le dice que fue la anciana Sophie quien lo obligó, entonces decide que todos desayunen, sin contrariarse por el hecho de que hay una casi desconocida dando órdenes en su casa. Después de un rato, Howl decide volverse a ir quién sabe para qué…

Sofí decide limpiar el castillo, y cuando decide recoger las cenizas del fogón, pone a Calcifer en una olla con apenas un poco de madera, pero se consume rápido y él está punto de apagarse. A pesar de que pide ayuda, Sophie no lo oye y Calcifer se apaga pero, afortunada y convenientemente, aparece Howl y lo revive. Una vez que está bien, Calcifer se enoja con Sofí, pero ella le reclama que no le paso nada. Howl se va a su cuarto, como típico adolescente, pero después baja todo enojado, como típico adolescente, porque Sophie limpió y arregló. Ella decide mandarlo derechito a la *beep* e irse, pero el aprendiz la detiene y le pide que no se valla; ella decide quedarse (pero cuántas decisiones toma ésta mujer…) e ir arreglar las cosas con Howl, y descubre que él tiene miedo de ir con Madame Suliman, que es… alguien a quien Howl le tiene miedo, así que Sofí le dice que no hay bronca, que ella va en su lugar, sin importar que la tal Madame Suliman tenga nombre de alguien que se dedica a la trata de blancas. Antes de irse, Howl la abraza y le dice que la va ir siguiendo muy de cerca para protegerla… ajá.

Rumbo al palacio, pensando en que se habrá convertido, dándose cuenta de que ésta frase no tiene ningún sentido; un perro la comienza a seguir y ella piensa que es Howl... el muy perro. Al mismo tiempo aparece la Bruja Calamidad sobre una carreta con sus secuaces. La Bruja, siempre tan educada y a la altura, empieza a retar ofensivamente y a decirle de cosas a Sophie, pero ella no presta atención y sigue caminando, así, bien digna. En eso llegan al palacio y para poder entra deben subir unas escaleras muy altas. Como las de Teotihuacán. Neta.

Sofí empieza a subir las escaleras pero el perro se queda atrás y le ladra para que lo ayude a subir, entonces ella regresa por él, lo cual claramente es un detalle importantísimo porque ¡ay, qué perro tan bonito!!! En el transcurso que van subiendo las escaleras, la bruja va perdiendo sus poderes, y ya adentro del castillo decide sentarse en una silla que se encuentra en un cuarto, pues claramente ya no está para estos trotes. En eso, el perro decide irse y Sophie lo sigue, mientras tanto en el cuarto en el que estaban, a la bruja le empiezan a quitar el resto de sus poderes, lo cual la deja convertida en una mujer terriblemente anciana y fea, lo cual es una clara metáfora sobre los tremendos problemas existenciales que Hayao Miyazaki tiene con las mujeres de edad.

 Éstos dos no hacen más que estorbar en toda la película. Neta.

Sofí llega con Madame Suliman, y le dice que Howl no va a ir porque el desmadre de la Madame no está chido, pero ella le responde que tiene porque ir si no le quitará sus poderes como a la bruja. En eso, Sophie se enoja porque se da cuenta de que cayeron en una trampa bien obvia y decide huir, pero la Madame la detiene e intenta secuestrarla para que vaya Howl (ya ven que sí era madrota). Sofí se resiste y en esos instantes llega Howl a rescatarla, siempre tan conveniente, pero antes de que huyan Madame Suliman lo empieza a atacar para que pueda convertirse… por alguna razón. Sophie muy asustada intenta calmarlo, pero él, bien caballero ante todo, decide huir para protegerla junto con la Bruja y el perro, pero al intentarlo Doña Madrota los sigue atacando, cada vez más groseramente. En eso el castillo va en su ayuda, porque ésa es una cosa que hacen los edificios; Cabeza de Nabo protege a Sofí, a la Bruja y al perro (perrito emosho…!). Mientras tanto Howl, el aprendiz y Calcifer pelean contra Madame Suliman y la destruyen. Así, casual.

Todo queda en paz. No se levantaron cargos penales contra ninguno de los involucrados… por alguna razón.

FIN

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