21 sept. 2015

Creadores de Divinos Sufrimientos


Prowling Death Records/Century Media Records - Abril de 2014
 
Giger: el artista gráfico oficial de tus peores pesadillas.

Y no, no es una cuestión de sado-masoquismo, ni mucho menos. Es sobre la experiencia que ésta banda sabe crear mucho mejor que la gran mayoría. Porque Tom Warrior no hace música para que te guste. No hace música para que te admires por lo talentoso que es. No hace música para hacerse famoso; una vez lo intentó, y aprendió de la manera más dura el terrible error que ello representa. No. Tom Warrior hace música como ya muy poca gente en la escena la hace: con honestidad. Y no solo honestidad moral o ética, también emocional. Si está encabronado, escribe canciones que suenan encabronadas. Si el tipo te odia, ten por seguro que va a escribir, al menos, una canción al respecto. Y va a estar tan chida, que cuando la escuches te vas a enfermar del hígado. (Si persisten las molestias, consulte a su médico.)

Ya todos conocen (o deberían conocer, herejes…) la trayectoria del Maestro Thomas Gabriel Fischer, así que no me extenderé al respecto. Basta decir que su legado con Hellhammer y Celtic Frost está entre los tres más importantes para la creación del Metal Extremo y todos los estilos que el término abarca. En serio: todos. Pero mejor regresemos al tema antes de que me ponga a divagar, m’hijitos.

Melana Chasmata (algo así como “Profundos y Negros Abismos” en griego) es el segundo álbum de Triptykon, la actual banda del arriba mencionado músico, y el tercero en el que continúa desarrollando el sonido que creó en el último álbum de Celtic Frost, Monotheist, probablemente el mejor “comeback album” en la historia de todas las cosas. Un sonido que puede describirse resumidamente como oscuro, crudo, abrasivo, pesadísimo, salvaje, feo, mala onda y más violento y torcido que esas pesadillas que te dan durante una indigestión por pizza o tacos de la esquina. En otras palabras, Metal del chido.

Éste álbum no hace mucho por variar ése sonido, aunque se pueden notar algunas diferencias desde el principio. Mientras su predecesor, Eparistera Daimones, profundizaba en los elementos más pesados y opresivos de la mencionada fórmula, con una marcada atmósfera death/doom, el disco que nos ocupa se recrea más en los aspectos melódicos y tendientes a lo tétrico, dando a la música un sentimiento ligeramente más cercano al black y resaltando los tintes góticos. Esto no quiere decir que el sonido se haya aligerado o haya perdido agresividad: sólo se siente menos saturado que en trabajos anteriores, aunque eso no es siempre algo bueno.

La diferencia se nota incluso en la portada del álbum. Mientras que la portada del Eparistera ("Vlad Tepes") es visualmente chocante (pero excelente), con todos sus elementos sexuales y violentos, el arte presente en Melana ("Mordor VII") es más críptico y misterioso, sin mostrar gráficamente tantas cosas como las que insinúa. Por cierto, ambas portadas son pinturas realizadas por el magnífico (y tristemente fallecido) Hans Rudi Giger.

Éstos son Triptykon. Tom Warrior es el del gorrito, detrás de la chica bonita.

Hay muchas cosas buenas que resaltar en éste álbum. La primera es que nuevamente abrimos con una canción enérgica y contundente, “Tree of Suffocating Souls”, de tempos y temas bastante variados, que marca el tono que tendrá el resto del álbum. De esas canciones que escuchas y te da esa sensación de que la banda de hecho disfrutó bastante grabándola. También somos testigos de cómo Tom ha refinado su habilidad para escribir e incorporar elementos góticos y casi esotéricos en la música, utilizando su voz limpia de formas más variadas y convincentes, así como incluyendo más armonías y capas sonoras de distintas texturas, como se puede ver en tracks como “Boleskine House” o la excelente “Aurorae”. En contraste, hay momentos en los que todo eso se deja de lado, para volver a los cimientos, a lo básico y primitivo, como en “Demon Pact”, donde todo suena simplemente bestial.

También hay momentos en los que Tom nos sorprende con reminiscencias del pasado, específicamente, en el track “Breathing”. Ésta canción inicia con un riff totalmente doom: lento, pesado y amenazante. Y de repente, el riff empieza como que a mutar y se convierte en un pasaje feroz, rápido y con unos buenos blast-beats de fondo, bastante similar al tema principal del primer track. Entonces, sin ningún tipo de aviso o transición, ¡bam!, la canción se convierte en algo que parece salido directo de los primero álbumes de Celtic Frost, con un perfecto riff tipo thrash, acompañados por la voz de Warrior que, durante éste pasaje, casi suena un poco rejuvenecida.

Pero no todo es diversión y buena charla de los viejos tiempos en el profundo y negro Abismo, no señor. Ya llegamos a la parte fea donde nos decimos lo que no nos gusta al uno del otro, y yo empiezo. Ya anteriormente mencioné cómo la atmosfera general es diferente entre éste disco y el anterior. Esto se debe en parte a la producción que, como mencionaba, se nota menos saturada que antes, dándole a cada instrumento un poco más de espacio, distinguiéndose muy fácilmente los unos de los otros. Esto hace que el sonido resulta algo más “limpio”, sin embargo, también provoca que el producto final se sienta más… disperso, como carente de la crudeza y la potencia bruta de los dos discos anteriores. Como que le faltó un poquito de galleta, pues.

Paradójicamente, el álbum también sufre un poco por sus similitudes con sus predecesores. Esto se debe a que el “sonido Monotheist”, aunque aún excelente, ha ido perdiendo ésa aura de novedad y frescura que tenía inicialmente, sobre todo viniendo de un músico que nunca compuso un álbum igual que el anterior. Así pues, podemos notar cómo ciertos patrones y fórmulas se repiten para detrimento del trabajo en general: “Tree of Suffocating Souls” cumple la misma función que “Goetia” o “Ain Elohim” en los discos anteriores, teniendo incluso una estructura muy similar (aunque las tres están bien chidas). “Altar of Deceit”” es más o menos lo mismo que “Abyss Within my Soul” del Eparistera, y está igual de tediosa. Luego tenemos “Black Snow”, que es como la hermanastra más chiquita y más aburrida de “Synagoga Satanae” y “The Prolonging”.

En Suiza todas los estudios de grabación tiene pésima iluminación...

El mismo Tom ha dicho en entrevistas que el álbum no resultó enteramente como él habría deseado, sobre todo por cuestiones de tiempo. Y aunque eso puede notarse con facilidad al escucharlo, Melana Chasmata sigue siendo unos de los mejores álbumes del 2014, y eso es bastante decir para un disco que “debió haber sido mejor”, según su autor. Así que sólo nos queda esperar que al grabar su próximo trabajo, Tom pueda completarlo enteramente a su gusto, lo que seguramente nos proporcionará otra obra maestra por parte de una de las mentes más brillantes del Heavy Metal.

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