13 sept. 2015

"A su izquierda, podrán ver unos demonios en su estado natural."

Century Media Records/Prowling Death Records - Marzo de 2010

Pretty...


Aquellos que lleven ya un tiempo metidos (ahem…) en esto del metal, seguramente ya habrán oído el nombre de Celtic Frost, una infame banda a la que prácticamente se le debe el desarrollo (si no es que la misma creación) de aquello llamado “metal extremo” (y todos sus miles de hijitos o sub-géneros) ya que, en la década de los 80’s, se dedicaron a crear música que sobrepasaba las expectativas de la mayoría de los metaleros… y de la gente en general.

“Y, ¿como por qué nos estás hablando de una banda de hace como 30 años, que no es la que está en el título?” Ah, pues porque Celtic Frost es la banda que precedió a Triptykon, y de la cual sacaron la mayoría de sus ideas. Después de una tediosa y larga historia en la que CF sacó tres excelentes discos, y luego una verdadera porquería, y luego otro disco mediocre, y la banda se deshizo, y se luego se reunió, y luego se volvió a deshacer, y se volvieron a reunir, y sacaron otro disco genial (titulado Monotheist), y luego se separaron otra vez (bueno, ya estuvo…), el principal encargado de la banda, Tom Warrior, se cansó de tanto volver la burra al trigo, y decidió mejor hacer una nueva banda. Y bueno… es algo obvio que esa nueva banda es Triptykon.

Así que, siguiendo con las ideas musicales exploradas en Monotheist, Tom Warrior inició su nueva carrera de la mejor manera posible, con el debut de Triptykon: Eparistera Daimones, que en griego significa "a mi izquierda, los espectros" (o "demonios", según Tom). A diferencia del ultimo disco de metal que recomendé (The Butcher’s Ballroom, de DSO), aquí no vamos a encontrar nada bonito, ni alegre, ni súper-melodioso, sino todo lo contrario. El autor de este disco al parecer estaba bastante enojado con la existencia en general, y la música que escribió claramente refleja dicho estado. La atmósfera del disco es completamente oscura y opresiva, sumado a la exagerada agresión musical durante casi todo el disco (basta con ver la hermosa portada para darse una idea).

En cuanto el primer track, “Goetia”, empieza a salir de las bocinas (o audífonos, u lo que sea…), somos casi golpeados con un tono de guitarra verdaderamente masivo, que bien podría haber ocasionado todos aquellos terribles terremotos a principios de 2010 (“ah, pero que pinche mal chiste”). Pero eso no es todo, también nos presentan un tono de bajo que se siente hasta la columna, y una batería que… pues… pues que suena muy bien y muy ruda y se me acaban las malas analogías. Y encima de todo, la voz de Tom Warrior que realmente se escucha bastante encabronado. Y así sigue. El siguiente track, "Abyss Within My Soul" es bastante similar, pero más lento y sombrío. No es un mal track de ninguna manera pero, al seguir directamente después de "Goetia", el contraste puede hacerlo sonar un poco... aburrido.

Pero relajen, que la cosa mejora. A continuación, llega “In Shrouds Decayed”, con un intro atmosférico, que después nos regresa progresivamente a los campos de agresión. El track va escalando en intensidad de forma lenta pero segura, de modo que cuando llega la parte más pesada, el cambio casi ni se siente. De repente ya estás sacudiendo el cráneo y no supiste ni qué pedo. Luego de un pequeño interludio, tenemos “A Thousand Lies”, la canción más rápida y agresiva del disco. Aquí no hay nada de atmósfera ni oportunidad de respirar, ni “oh, qué bonito solo”: pura caña y más caña (figurativamente). Aunque si tiene un solo la rola, pero no es precisamente "bonito", más bien es de esos solos tipo Tom Warrior, dondo uno se pregunta si incluso él mismo sabía lo que estaba haciendo cuando lo grabó; no porque suene mal, si no que suena... peculiar, pero chido, pues.

Después de un par de tracks más, o lo que es lo mismo, otros diez minutos de ser sónicamente (¿existe esa palabra?) reducidos a pulpa, nos encontramos con que al inicio de esta reseña los engañé vilmente. porque soy malo y porque puedo. Sí, aquí tenemos “My Pain”, una canción “bonita”, con música bastante tranquila, una voz de chica sexy, proporcionada por Simone Vollenweider, y otra voz de metalero deprimido, cortesía de Tom. Después de dar gracias por este esperado suspiro, tenemos la culminación de este álbum debut, con “The Prolonging”: un monstruo de canción de 19 minutos (y segundos… eso de “prolonging” iba en serio), durante los cuales se condensan todos los terroríficos atributos musicales y atmosféricos que esta banda nos ofrece. Un track bastante largo, físicamente pesado, y algo repetitivo, pero que, con un poco de paciencia, se convierte en un “opus magnum” del género. Si lo tuviera que relacionar con una onomatopeya, sería algo así como "doooooommmmmm". (Como en Doom metal... ¿me explico...? Es gracioso porque... Olvídenlo.)


Así que ahí tienen. Si lo que les gusta es el metal inteligentemente blasfemo, furioso, contundente y abrasivo (o sea, Death/Black/Doom), y provocarle dolores de cabeza y problemas psicológicos a sus vecinos y a quien sea que viva con o cerca de ustedes, no duden en adquirir este disco. Eparistera Daimones seguramente seguirá provocando más terremotos en el mundo de la música. “Long live teh methulzzz!!!”

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